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Sitkovetsky, la Sala Cervantes, las noches de Habana Clásica

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Dmitry Sitkovetsky, Habana Clásica. Photographer: Manuel Almenares

Dmitry Sitkovetsky, el gran Maestro ruso del violín, nos acompaña en La Habana en ocasión de la IV Edición del Festival Habana Clásica, dirigido por Marcos Madrigal, con la ayuda de La Embajada de Suiza en Cuba como donante líder. Llegó a Cuba luego de la invitación de Nikolay Shugaev, violonchelista y Vicedirector artístico del festival, amigo de Marcos Madrigal, su Director artístico. También ha venido a conocer Cuba, siendo la primera vez que nos visita. Trae par de piezas para dirigir junto a la Orquesta de Cámara de La Habana y, como el pedagogo que es, a ofrecer conferencias magistrales para los jóvenes estudiantes de violín.

Dmitry no necesita intérpretes, la suavidad de su inglés transmite el mensaje de la coherencia poética, sin muchos ademanes, como el buen orador que es. La Sala Ignacio Cervantes, de conservada elegancia neoclásica, se reserva para un concierto memorable. Pero antes, y no menos importante, los Compositores en Residencia del Festival tendrán un espacio para la presentación de sus obras.

Los primeros instantes abrirán la sala para el Maestro Italiano Nicola Sani, quien nos regaló su presencia los días de apertura del Festival y, lamentablemente, tuvo que partir a tierras italianas antes de lo esperado. Pero nos deja sus obras y, con ella, a dos cubanas: Karla Martínez al piano y Lissy Abreu al violín, acompañadas por el chelo prodigioso de Sonja Kraus, para interpretar Löico para trío y piano, una obra que, como la inaugural, goza de una contemporaneidad muy particular. Cambios de lugar, velocidades enfrentadas, Karla Martínez dentro del gran cola para modular, con sus manos, las graves melodías de las cuerdas interiores. Una pieza compleja que capta la atención del público, testigo del estreno cubano de la obra.

Luego, el Maestro Juan Piñera nos regala un momento casi performático, con la extroversión que lo caracteriza.

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“Hace 33 días esta obra jamás fuera pensada,” el Maestro nos cuenta un poco cómo nace una composición para cuatro trompas y un piano, una petición de Marcos Madrigal, ejecutada por Karla Martínez, nuevamente al piano, Carles Pérez Esteve, español que nos llega desde grandes orquestas europeas y acompaña a tres de nuestras trompistas cubanas: Lía Marina Betancourt, Yanai Suárez Hernández y Debbie Vélez Luis. Una melodía minimalista que nos incorpora en la nostalgia de las Gymnopédies, “98 compases para Satie,” indica el Maestro. Acompañados por la voz de mando, construyendo un momento muy teatral donde el público es protagonista, tres movimientos han sido elegidos según la intensidad de los aplausos, estrenos mundiales elaborados en apenas una treintena de días, un regalo para el Habana Clásica.

Intermedio

Cuenta la leyenda que, luego de apenas ocho días de graduado del Conservatorio de San Petersburgo, con la interpretación de su propio concierto, el joven de 23 años, Sergei Prokófiev, corría a deshoras para sentarse, tablero de ajedrez mediante, frente al Maestro cubano José Raúl Capablanca,

“… Capablanca, el favorito del público…hizo movimientos increíblemente rápidos. Quedaban cinco o seis partidas…no tuve tiempo para pensar. Yo estaba molesto, hasta entonces nunca había perdido un juego de simultáneas…Capablanca es una persona absolutamente irresistible, vivaz, apuesto, ingenioso, y, este es el punto, un genio.”

Tal vez, la forma más audaz de estrenarse en el público cubano es, precisamente, entregándoles una anécdota que enlace historias comunes. Así se nos presenta Dmitry Sitkovetsky, Maestro de cabellos blancos y tamaño imponente, con una historia bajo la manga.

Nos cuenta, además, que Prokófiev sigue siendo uno de sus compositores preferidos, sobre todo por historias de vida similares, ambos dejaron Rusia con edad similar, para abrirse camino en el mundo.

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Homenaje del Maestro a este compositor que, además, Marcos Madrigal ha recogido en algunas de sus producciones discográficas. Cinco melodías para violín y piano y luego, la Sonata No. 2 que, si bien fueron originalmente compuesta para flauta, Prokófiev mismo le hizo arreglos para violín a petición de su amigo, David Oistrakh, de una forma muy particular, pero eso es otra historia.

El público no les dejó culminar fácilmente. Extasiado por las intensas melodías rusas, en una profusa ovación, lograron que el Maestro regalara una última pieza, una de las más populares y melodiosas del compositor: Cinderella y, en contraste al sofocante calor de la sala, Winter Fairy fue la variación escogida para culminar la noche.

Sin dudas, el Festival Habana Clásica le regala a la ciudad noches memorables, que quedarán inscritas en nuestra memoria y en la historia musical cubana.

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